No es solo dar órdenes, es saber hablarles

Una reflexión sobre lo importante que es la comunicación en el Ejército… y en todas partes.

El otro día hablaba con Brais, como tantas veces. De esas conversaciones que parecen pequeñas, pero no lo son.
Él venía de unos días intensos y en medio del cansancio me soltó, casi sin querer:
—La gente no se da cuenta, pero en el Ejército la comunicación lo es todo. Si no sabes hablar bien, no sabes mandar. Y si no sabes escuchar… estás jodido.

Y me tocó algo.
Porque yo, que nací hablando (o eso dice mi madre), siempre supe que la comunicación es mucho más que palabras. Es cómo se dice, cuándo, a quién. Es tono, es contexto, es intención.
Y en un entorno como el militar, donde una orden puede ser la diferencia entre volver o no volver… las palabras tienen un peso que muchos no imaginan.

Días después me encontré con una noticia: el JEMAD —el Jefe del Estado Mayor de la Defensa— anunció que van a revisar los términos militares en la RAE. Que están reformulando definiciones, ajustando expresiones, clarificando lo que significan cosas como “guerra híbrida”, o “maniobras conjuntas”.

Y pensé: qué necesario. Qué importante es que incluso en las instituciones más rígidas, más jerárquicas, se entienda que el lenguaje no es una anécdota. Que comunicar bien no es un adorno, es una prioridad.

Porque cuando las palabras no llegan claras, los cuerpos pueden no llegar nunca.

Yo no fui soldado.
Pero durante un tiempo trabajé con ellos.
Y desde fuera, desde el lugar discreto que ocupaba, aprendí más de lo que nadie imaginaba:
Que un mando que no escucha, pierde la tropa.
Que un soldado que no sabe expresar que está roto, lo camufla hasta que ya es tarde.
Que el compañerismo también se construye a base de “cómo estás” y “cuenta conmigo”.
Que incluso los más duros a veces solo necesitan que alguien les hable claro… y con cariño.

En el Ejército, en la pareja, en la familia.
Una mala comunicación puede hacer que alguien se sienta solo.
Una palabra mal dicha puede enfriar lo que parecía fuerte.
Un “no pasa nada” puede esconder un montón de cosas que sí pasan.

Y por eso me parece tan importante hablar de esto.
Porque incluso los que están entrenados para obedecer necesitan que se les hable bien. Y los que mandan, si no saben comunicar, no mandan nada.

Que el Ejército esté revisando su forma de hablar me parece una de las mejores noticias del año.
Porque nos recuerda que el lenguaje no es solo un conjunto de palabras bonitas: es lo que nos sostiene, nos vincula, nos salva.
Y si hasta ellos, que muchas veces han sido símbolo de rigidez, están dispuestos a repensar cómo se expresan… ¿qué nos impide hacerlo a nosotros?

Quizá no tengas galones.
Pero si tienes algo que decir —o que escuchar—, hazlo con cuidado.
A veces, una palabra a tiempo no solo evita un conflicto: también puede ser lo más parecido a un abrazo.


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