Aprender a agradecer

Carta 3 de 365

Querida Andrea,

A veces, los momentos que parecen más pequeños son los que más te cambian por dentro.

Recuerdo aquella tarde en consulta.
Elena me miró, sonrió de esa forma suya que calma, y me propuso algo que nunca había hecho:
«Cada noche, antes de dormir, vas a agradecer tres cosas que tengas en tu vida».

No supe qué decir.
Me quedé en silencio, buscando en mi cabeza alguna razón para agradecer, y al final, casi avergonzada, le pregunté:
«¿Pero qué voy a agradecer yo?».

Ella soltó una carcajada suave, llena de cariño, y me contestó:
«Andrea, pero si tienes un montón de cosas…».

Y empezó a enumerarlas como quien desgrana un collar de perlas:
«Una familia que te quiere. Un hogar estable. Libertad para vivir tu vida. Y, aunque a veces no lo veas, una fuerza inmensa dentro de ti».
Se detuvo, me miró a los ojos y añadió:
«Cada vez somos menos conscientes de la suerte que tenemos solo por haber nacido en este lado del mundo».

Fue como si encendiera una luz dentro de mí.

Me di cuenta de todo lo que tenía.
Quizá no toda la salud del mundo, pero sí amor, refugio, opciones, caminos abiertos.

Desde entonces, aunque no siempre sea fácil, intento recordarlo:
que a veces la vida pesa, pero siempre hay algo que sigue brillando.

Y por eso, cada noche, aunque sea en voz bajita, me repito:
gracias.

Con cariño,
Andrea.


Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo