¿arde más Galicia?

¿Cada año arde más Galicia?

Entre cifras, molinos y placas solares

El verano pasado, en la terraza de un bar en Lugo, escuché a un vecino decir: “isto xa é sempre igual, cada ano arde máis”. Asentimos todos, porque la sensación es esa: el humo vuelve siempre, más negro, más cerca. Pero la realidad —cuando miras los datos— es más compleja.

En 2024, Galicia cerró con los mejores números de la década: apenas 2.133 hectáreas arrasadas. Y, sin embargo, este 2025, en solo dos semanas de agosto, Ourense concentró casi el 99% de lo quemado en la comunidad. No es un crecimiento lineal, es un sube y baja, un electrocardiograma irregular. Y en cada pico, la herida vuelve a abrirse.

En medio de estas conversaciones, siempre aparece lo mismo: los parques eólicos, las placas solares. “Queiman para poñer muíños, queiman para poñer paneis”. La sospecha se repite porque muchos incendios se dan justo en montes donde hay proyectos sobre la mesa.

La evidencia oficial, sin embargo, dice otra cosa: ni la ley permite recalificar automáticamente un terreno incendiado, ni incendiar facilita poner molinos o placas. En teoría, un monte quemado debe permanecer como forestal durante 30 años. Y aquí entra la letra pequeña: la excepción de “interés público”.

Algunos dirán que los parques eólicos o las placas solares son “de interés público”. Y sí, la ley abre esa puerta… pero no está tan abierta como parece. No basta con que el monte arda para que al día siguiente planten molinos: haría falta una autorización concreta, informes ambientales, alegaciones, y sobre todo una ley que lo respalde. Lo que sí pasa es que muchos de los montes que arden son justo los que ya estaban en el mapa de proyectos, porque son altos, venteados y despoblados. Y ahí nace la sospecha: no porque el fuego les allane el terreno, sino porque en Galicia el monte vacío siempre parece tener un dueño esperando.

En este artículo, que puede tener varias interpretaciones según quien lo lea, se dice que el terreno no se recalificará hasta pasados treinta años, a no ser que se requiera por “interés público”. Y aquí es donde entra la política española, siempre dispuesta a darle la vuelta a la tortilla. Porque lo que para unos es interés común, para otros puede ser negocio.

Quizá, más que preguntarnos si arde más cada año, deberíamos preguntarnos por qué seguimos hablando del monte solo cuando arde. Y si queremos que Galicia sea un tablero energético o un lugar vivo.


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