Antoine de saint exupépy

Cuando leí El Principito, descubrí a un Antoine aventurero, explorador, emocional y niño. Me sentí reconocida, vista. Ahí supe que lo militar y lo poético podían ir de la mano, que no eran opuestos.

Yo ya escribía antes de saberlo. Con 4 y 5 años, mi tío Cayetano daba forma a mis versos. A los 16, lo convertí en parte de mí. Desde entonces, la escritura fue mi manera de estar en el mundo.

Por eso Saint-Exupéry me toca tanto. Porque fue capitán, aviador, soldado. Pero también fue capaz de escribir un libro que habla de ternura, de estrellas, de la infancia que nunca se pierde. Y ahí entendí que un uniforme no impide escribir con el alma.

En mi Ko-fi he abierto AndyArmy, un espacio donde historia militar y escritura se cruzan. Hemingway, Cervantes y Saint-Exupéry son mis guías. Cada uno nos enseña que detrás de la pólvora también hay palabra.

El nivel Saint-Exupéry es el refugio completo: cartas largas, blogs, conversaciones privadas y mis recomendaciones más cuidadas. Es mi manera de recordarme —y recordarte— que la historia también puede escribirse con estrellas.

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