Cervantes

Cervantes no empezó como escritor. Fue soldado.
En 1571, embarcó en la galera Marquesa para pelear en Lepanto. Tenía fiebre, estaba enfermo, pero pidió combatir igual. Lo que vino después fue brutal: cientos de barcos, arcabuces, sangre, humo. Cervantes recibió dos tiros en el pecho y uno en la mano izquierda. No la perdió, pero quedó inservible para siempre. Desde entonces, fue el “manco de Lepanto”.

Años después, leyendo el Quijote, me sorprendió pensar que ese mismo hombre que había estado allí, en medio de esa batalla, tuviese la capacidad de reírse de los libros de caballerías. Con qué valor se atrevió a decirnos, entre líneas, que no hacen falta caballeros invencibles ni gigantes que derribar, porque la realidad —la suya, la de soldado herido, preso y pobre— era suficiente.

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía: es justicia.”
Esa frase, que parece tan simple, la escribió alguien que había visto la guerra de cerca. Alguien que sabía lo que significaba arriesgar el cuerpo y perder.

Eso me atrapó. Que un hombre marcado por la pólvora y la derrota fuese capaz de crear una sátira tan aguda y tan humana. Que convirtiera las cicatrices en literatura.

En mi Ko-fi he abierto un espacio donde historia militar y escritura se encuentran. Lo llamo AndyArmy. Allí están Hemingway, Cervantes y Saint-Exupéry: tres hombres que llevaron uniforme antes de dejar palabras.

El nivel Cervantes es para quienes quieren entrar en esa mirada: allí comparto colecciones de cartas y mini guías que recorren la vida militar del Siglo de Oro, los Tercios y las batallas que moldearon Europa.

👉 Puedes verlo aquí.


Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo