Hemingway

No empezó en cafés literarios. Comenzó en ambulancias.
Tenía dieciocho años cuando se alistó en la Cruz Roja, en plena Primera Guerra Mundial. No llevaba fusil, llevaba vendas. No buscaba gloria, buscaba estar allí, donde la historia dolía.
Condujo entre trincheras, recogió heridos, escuchó gritos que se apagaban antes de llegar al hospital. Una noche, un mortero estalló demasiado cerca: quedó herido, con metralla en las piernas. Dicen que aun sangrando ayudó a otros a ponerse a salvo. Esa fue su primera “historia real”.
Quizás por eso escribió como escribió: frases cortas y duras. Porque cuando has visto la muerte de frente, entiendes que las palabras no necesitan endulzarse.
En mi Ko-fi he abierto un rincón para quienes creen que la escritura y la historia militar tienen más en común de lo que parece. Lo llamé AndyArmy. Y dentro hay tres guías: Hemingway, Cervantes y Saint-Exupéry.
El primero es Hemingway.
Allí encontrarás una carta mensual y un hallazgo histórico sencillo: una anécdota de soldados, un parte de guerra, un trozo de vida desde la trinchera. Como las crónicas que él mismo habría mandado, rápidas y sin aliento.
👉 Entra en mi Ko-fi si quieres leer donde la literatura y la pólvora se rozan.
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