A veces me escribe, y por eso no puedo soltar

— Cómo funciona el refuerzo intermitente en las relaciones

Esta semana me escribió una Andy.
Me dijo:

“Sé que no va a nada, que no quiere lo mismo que yo… pero a veces me escribe. Me manda un ‘hola’, un meme, una foto tonta. Y con eso me engancha otra vez. ¿Cómo se suelta algo así?”

Y esa frase me atravesó.
Porque si has vivido una relación intermitente, sabes que no necesitas promesas para quedarte.
A veces, basta con un mensaje que llega cuando ya casi habías empezado a olvidarlo.
Un gesto mínimo.
Una palabra.
Y vuelves a caer.

No es que te guste el dolor.
No es que seas ingenua.
No es que no tengas amor propio.

Es que, psicológicamente, tu cerebro ha aprendido a asociar el dolor con recompensa.

 ¿Qué es el refuerzo intermitente?

El refuerzo intermitente es un concepto de la psicología del comportamiento, estudiado por B.F. Skinner.
Se refiere a cuando una acción (como escribirle a alguien) solo es recompensada algunas veces, de forma irregular e impredecible.

Esto no solo no debilita el vínculo.
Lo hace más fuerte.
Más adictivo.
Más difícil de romper.

Tu cerebro se vuelve adicto no a la persona, sino a la posibilidad.
Porque si una vez respondió, quizás lo haga otra.
Y si lo hace, tú “ganas”.
Y eso activa dopamina.
Y esa dopamina se confunde con amor.

💔 ¿Por qué duele tanto soltar?

Porque tu cuerpo ha aprendido a vivir en el pico y la caída.
En el silencio y la explosión.
En la ansiedad y el alivio.
Como una ruleta emocional.
Y cuando esa ruleta se detiene, aunque sea por tu bien, sientes un vacío brutal.
No por lo que tenías, sino por lo que esperabas tener.

Y porque, aunque lo sepas todo racionalmente, hay un lugar emocional que aún sigue esperando aquel primer gesto.
Aquel mensaje.
Aquel “hola” que parecía cariño, pero era solo ruido.

🌿 ¿Cómo se sale?

La salida no es mágica, pero empieza por esto:

  • Nombrarlo: saber que es refuerzo intermitente te devuelve poder.
  • No idealizar: lo que sientes no es amor, es ansiedad mezclada con dopamina.
  • Cambiar la expectativa: no todo lo que te activa es bueno. A veces es solo eso: activación sin vínculo real.
  • Buscar lo constante: lo que te calma, no lo que te enciende.

Y sobre todo, dejar de preguntar si eres tú el problema.
Porque no lo eres.

🪞 Si te ves aquí…

Si estás enganchada a alguien que te da cariño a ratos, que aparece solo cuando estás por soltar,
que te lanza migas y tú corres como si fueran pan…
quizás no es que te falte fuerza.
Quizás es que nadie te había explicado esto.

Y si esa explicación llega hoy,
bienvenida sea.

Ya lo entiendes.
Ahora puedes decidir.


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