No quiero sentir por alguien que ya tiene fecha de salida

No sé cuántas veces he tenido esta conversación conmigo misma.
Con amigas.
Con otras que han estado ahí.

No se trata de amor, ni siquiera de enamorarse.
Se trata de ese momento en que alguien te gusta
— te hace reír, te escucha, te mira como si te entendiera—
y justo entonces te acuerdas de que se va.

Y no porque quiera.
Sino porque es su trabajo.
Porque toca maniobra.
O despliegue.
O embarque.
Y tú, que justo estabas empezando a ilusionarte, te quedas con el café frío entre las manos
pensando si seguir es valentía o castigo.

No hablamos mucho de eso.
De lo que duele conocer a alguien con quien no puedes planear nada.
Ni una escapada.
Ni un “te veo la semana que viene”.
Porque la semana que viene a veces significa otra ciudad, otro huso horario, otro silencio.

Y no es que se vayan para siempre.
Es que mientras están fuera, tú te quedas aquí.
Y nadie te prepara para eso.

Para mirar su foto mientras los demás hablan de planes de pareja.
Para no saber si escribirle o dejar que él te busque cuando pueda.
Para que te duela el estómago con cada cambio de destino…
sin tener derecho a llamarle tu persona todavía.

Y te preguntas:
¿quién empieza algo con alguien que se va?
¿Quién se atreve a quedarse cuando sabe que el otro se irá?

Yo no tengo la respuesta.
Solo sé que no todo el mundo está hecho para ausencias con horarios militares.
Ni para historias en capítulos cortos entre uniformes y alarmas a las cinco de la mañana.

Pero si tú estás ahí, dudando si seguir viéndole o empezar a soltar,
quiero que sepas que no estás sola.
Que a veces vale más un mes con verdad que un año con nadie.
Y que si duele, no es porque seas débil.
Es porque te has atrevido a mirar a alguien justo antes de que se fuera.


Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo