Querido Bruno,


Esto que lees,
Es para mí.
Para esa parte de mí que siempre intenta adelantarse al golpe,
poner almohadas antes de la caída,
y volver a recoger los pedazos cuando todo se rompe… aunque no sean míos.

Tú sabes cómo soy.
Emocional, un poco intensa, a veces demasiado alerta.
Y tú, en eso, eres como un reflejo.
Solo que ahora estás tú en el ojo de la tormenta,
y yo en la orilla, queriendo gritarte que no entres tan de lleno.
Pero sé que no sirve.
Porque tú necesitas entrar.
Sentirlo.
Vivirlo.

Has conocido a una chica.
Y en una semana ya os decís cosas que yo tardo meses en sentir.
Y está bien.
Cada quien siente como puede, como sabe, como le sale.

Nerea y yo llevamos días intentando evitarte el estrellazo.
Ella con datos.
Yo con preguntas suaves.
Pero tú, con los ojos brillando y la ilusión encendida,
no escuchas nada que no suene a promesa.

Y yo, que también me he ilusionado rápido,
sé lo que es.
Sé lo que se siente cuando una conexión te parece destino,
cuando el cuerpo va por delante de la lógica.
Y aún así…
aún así me dan ganas de cogerte de la mano y decirte:
espera. respira. mírala. primero mírala.

Anoche me llamaste.
Y yo, con cuidado, me despedí del chico con el que estaba hablando,
porque si estoy contigo, estoy contigo.
Y tú me preguntaste si había dejado de hablar con él por ti.
Te dije que sí.
Porque me gusta dar atención entera a quien quiero.
A ti.

Y diez minutos después, cuando te llamó ella, me dijiste:
«Hablamos mañana.»

Y no, Bruno. No me importó.
Pero sí me dolió un poquito.
No porque tú hicieras nada mal.
Sino porque entendí que lo nuestro no es recíproco en la forma,
aunque sí lo sea en la intención.

Y eso… eso me toca.
Porque te quiero.
No con deseo, ni con necesidad, sino con esa ternura que a veces me pesa más de lo que debería.

Pero no puedo protegerte más.
No puedo seguir corriendo delante de tus emociones con un paraguas en la mano.
Tengo que dejar que sientas la lluvia.
Y si escampa, aquí estaré.
Pero no voy a intentar que no te mojes.

A veces, dejar que alguien se equivoque también es una forma de amor.
Y esta carta es eso:
mi forma de quererte sin intentar salvarte.


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