¿Quién defiende la tierra cuando ya nadie escucha al mar?

Este artículo debí haberlo escrito en marzo. Pero dudé. Hasta ahora.

Dudé porque los temas políticos cansan, desgastan y nunca terminan por intereses de unos pocos.
Y dudé porque en Galicia, hablar de minas, celulosas o mariscadoras no es solo cuestión de medio ambiente.
Es hablar de traiciones, de silencios cómodos, de pueblos a los que se les cambia el pan por promesas que ni se mastican.

Durante meses vi cómo la izquierda gallega callaba. O peor aún: cómo votaba a favor.
Ahora, con la presión social, se posicionan en contra de

Altri. Pero ya es tarde para fingir pureza.
No me representan ni ellos, ni Rueda, ni ningún despacho con moqueta que nunca pisó un monte gallego un día de lluvia.

Como decía Antonio Machado: “Solo el pueblo salva al pueblo.”

Y eso fue lo que pasó en A Pobra do Caramiñal.
Miles de personas, por tierra y por mar, salieron a decir basta.
A decir que Galicia no es un vertedero con vistas.
Que no queremos minas, ni celulosas, ni una ruralidad condenada a morir lentamente.

Altri no trae desarrollo. Trae destrucción.
Hablan de empleo mientras quitan ganadería y contaminan ríos y rías.
Lo de siempre: pan para hoy y celulosa para siempre.

Y no muy lejos de Palas de Rei tenemos el ejemplo perfecto: la Ría de Pontevedra, destrozada por ENCE.
Un paraíso convertido en vertedero industrial.
Una ría que perdió sus mariscadoras y su alma.

Ahora vuelven a intentarlo.
Con los mismos discursos de progreso.
Con los mismos pactos bajo cuerda.
Y mientras los partidos juegan a parecer buenos, la tierra sigue esperando que alguien la defienda de verdad.

Esta vez, el pueblo habló primero.
Y ojalá no sea tarde.

Porque en Pontevedra no pudimos frenarlo.
Y en Palas de Rei…
¿podremos?


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