Cuando no es amor,


SINO MIEDO A PERDERTE

Hace unas semanas, M me dijo que no hablábamos con la frecuencia que le gustaría.

Yo asentí.
Sin pedir nada.
Porque una ya ha aprendido que quien realmente quiere, no espera que le insistas: aparece.

Anoche, cuando se despidió con un simple «buenas noches», aproveché para devolverle la pelota con suavidad:
—»Curioso que digas eso, cuando fuiste tú quien se quejó de la falta de contacto y aún así… no hiciste nada.»

Esta mañana, a las seis, me escribió.
Se disculpó. Me dijo que había estado de viaje.
Y yo, que tengo la ironía bien afinada, respondí:
—»La semana tiene siete días, M. Pero no pasa nada. Solo era un comentario.»

Y ahí, en ese momento… algo cambió.

Noté el giro.
La energía.
La prisa.
Propuso vernos este fin de semana, con urgencia.
Como si de repente algo dentro de él dijese:
«Si no quedo con esta chica ya, puede que no vuelva a tener la oportunidad.»

Lo que le pasó a M no es tan raro. De hecho, es bastante humano.

Hay una parte de nuestro cerebro —sí, la emocional— que se activa más cuando siente que puede perder algo, que cuando lo tiene asegurado.

Cuando alguien está siempre, el sistema nervioso se relaja. Se acostumbra.
Pero cuando esa persona empieza a mostrar distancia emocional (no dramatismo, ojo, sino presencia calmada), el cerebro lo interpreta como una posible pérdida.

Y entonces, se encienden las alarmas internas.
Empiezan los “¿y si ya no estoy a tiempo?”
Y eso mueve ficha.

Se activa el sistema de apego (aunque no lo quieran llamar así)

No hace falta que M se enamore para que su sistema de apego se active.
Basta con que vea que ya no tiene tu atención asegurada.
Y ahí el cuerpo reacciona.
Lo emocional, lo químico, lo mental: todo entra en juego.

Empieza a buscar recuperar el control.
A tomar decisiones rápidas.
A proponerte planes.
A cambiar el tono.

No porque le haya nacido algo nuevo…
Sino porque le asustó lo que podría estar perdiendo.

La ilusión se activa cuando siente que puede quedarse fuera


Lo que cambió fue su percepción de acceso.

En psicología esto se llama “valor percibido”: cuanto más fácil es algo, menos lo valoramos.
Cuanto más riesgo hay de perderlo, más deseo sentimos por retenerlo.

Y esto no lo digo con orgullo.
Lo digo con observación.
Porque muchas veces confundimos ese deseo reactivo con interés real.

A veces, no es que no le gustaras.
Es que no se había dado cuenta de cuánto le gustaba que estuvieran ahí.
Y cuando eso empieza a tambalearse… reaccionan.

Pero una ya no se conforma con reacciones.
Busca acciones sostenidas.
Coherencia.
Presencia real.

Así que sí, puede que vea a M este fin de semana.
Pero no porque me haya ilusionado.
Sino porque estoy observando si lo que apareció fue prisa…
o verdadera intención.


Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo