Sino lo que hay debajo.

Ayer hablaba con un amigo.
De esos que no te juzgan, pero te sueltan la pregunta que se te queda dentro como una piedrecita en el zapato:
—Andrea, ¿no te preocupa perderte algo bonito por cerrarte solo a conocer militares?
Y lo primero que me salió fue reírme. Porque no es cierto.
No estoy cerrada.
En los últimos meses he conocido a fisioterapeutas, médicos, ingenieros… Y no me arrepiento. Cada persona me ha enseñado algo.
Pero su pregunta me hizo pensar.
Porque aunque no sea del todo cierta, tiene algo de verdad: vuelvo, una y otra vez, a mirar con otros ojos a quienes visten uniforme.
No sé explicarlo del todo.
No es que piense que solo los militares valen la pena.
Es que hay algo en cómo hablan, en cómo miran el deber, en cómo entienden el compromiso, que me resuena muy dentro.
Como si hablara con alguien que no necesita muchas explicaciones. Como si entendiera el mundo desde un lugar parecido al mío.
No lo digo yo, lo dice la ciencia.
Buscamos a alguien que nos dé seguridad emocional.
Pero también a alguien que encaje con lo que hemos vivido, con lo que somos, con lo que aspiramos a ser.
No buscamos “lo ideal”, sino lo familiar.
No buscamos “lo perfecto”, sino lo coherente con lo que hemos sentido antes.
Y tal vez por eso, yo me siento en casa con personas que han tenido que renunciar, esperar, obedecer, proteger.
Personas que entienden el sacrificio como parte de la vida, no como algo extraordinario.
Entonces no, no me estoy cerrando
No me niego al amor bonito.
Lo que pasa es que he aprendido a mirar más allá del envoltorio.
Y lo que busco no está en una profesión, ni en un currículum. Está en una forma de estar en el mundo.
Hay quien busca creatividad, aventura, estabilidad financiera, espontaneidad.
Yo, supongo, busco otras cosas:
calma, propósito, compromiso real.
Y si eso, hoy por hoy, lo encuentro más fácilmente en personas con ciertas trayectorias…
¿por qué tendría que justificarlo?
Quizás no se trata de no cerrarse.
Quizás se trata de tener el valor de elegir lo que de verdad te llena.
Y eso, a veces, está justo donde más sentido tiene para ti.
Deja un comentario