Lejos de casa:

lo que nadie ve de un soldado español de misión

La mayoría de la gente no sabe cómo huele la madrugada en Líbano.
Ni lo que se siente al ver el amanecer desde una base en Eslovaquia.
Ni lo que cuesta decirle a tu madre que no estarás en Navidad, otra vez.

Porque cuando hablamos de soldados, hablamos de uniforme, de obediencia, de disciplina. Pero casi nunca hablamos de lo que hay debajo:
del hijo que echa de menos,
del padre que no pudo ir a la reunión del cole,
de la pareja que duerme sola,
del amigo que no encuentra palabras para explicar lo que está viendo.

La distancia que no mide el GPS

Estar de misión no es solo estar lejos físicamente. Es estar fuera del mundo que amas. Es ver desde la pantalla cómo crecen tus hijos, cómo se hace mayor tu abuela, cómo tus amigos brindan en Nochevieja sin ti.

Es perderte muchas primeras veces… y también algunas últimas.

Y sonreír igual en cada videollamada, porque sabes que tu gente necesita verte fuerte, aunque por dentro estés contando los días y los silencios.


Poner el cuerpo… y el alma

A veces, cuando se dice que «España participa en una misión», se olvida lo más importante:
España no va. Van ellos.
Uno a uno. Con nombre, apellido y mochila.

Van sabiendo que no toman las decisiones. Que no siempre comprenden el porqué. Pero van, porque creen en lo que representan. Porque saben que alguien tiene que hacerlo.

Y lo hacen con miedo, sí. Con dudas. Pero también con un profundo sentido de deber.


Cuando vuelven, nada es igual

Cuando regresan, a veces nadie pregunta.
Nadie escucha.
Nadie entiende del todo.

Y entonces el silencio se convierte en otra misión.
Más solitaria. Más dura.
Porque ya no hay mapa, ni protocolo, ni comandante. Solo ellos, intentando volver a un mundo que siguió girando mientras estaban lejos.


Lo que no cuentan los informativos

Ser soldado no es solo estar preparado para la guerra.
Es aprender a vivir con nostalgia.
Es contener las lágrimas para no preocupar a los tuyos.
Es vivir con la contradicción de amar tu país… y sentirte olvidado por él.

Así que la próxima vez que escuches “hay tropas españolas de misión”, recuerda: no son números. Son personas. Y están dejando mucho más que su tiempo allí fuera.



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