
El otro día hablaba con una amiga sobre algo que me removió mucho.
Le decía: “soy una persona que no gestiona bien la incertidumbre ni la ansiedad… pero no creo que eso sea una tara tan grande como para que alguien no quiera conocerme.”
Ella me miró con calma y me soltó:
“El problema no fue eso. El problema fue que dudabas de cada mensaje. Te preguntabas si enviarlo, qué poner. Dejaste de ser espontánea. Tenías miedo de ser tú.”
Y claro, me quedé en silencio.
Porque sí, obvio que era lo que hacía. Yo sé que gestiono fatal la ansiedad.
Pero lo que no había visto tan claro era cómo me iba desdibujando por miedo a mostrarla.
Era el miedo a parecer “demasiado”.
A que se notara que me importaba.
A que me viera tal como soy y decidiera no quedarse.
Así que empecé a editarme. A repensar cada mensaje como si fuera una declaración oficial. A revisar lo que decía para no sonar intensa. A calcular cuánto esperar para contestar. A intentar parecer siempre tranquila, siempre equilibrada, siempre “normal”.
Y en todo ese esfuerzo por parecer menos ansiosa, dejé de parecer yo.
Me fui borrando. Me volví prudente, templada, neutra. Y lo más irónico es que, al final, él nunca conoció a la verdadera yo. Solo a la versión corregida y maquillada que yo pensaba que le iba a gustar más.
Con el tiempo me di cuenta de algo más profundo.
Esa inseguridad no era nueva. Venía de una relación anterior.
De alguien que me hizo creer que era “demasiado”:
Demasiado emocional.
Demasiado intensa.
Demasiado lenta en algunas cosas.
Y sin darme cuenta, empecé a mirarme con los ojos de quien ya no está. A corregirme antes de hablar. A reducirme antes de ser.
Pero no puedo seguir dejando que la percepción de otra persona —que ya no forma parte de mi vida— defina cómo me muestro ante quienes sí están.
Soy maravillosa.
Con mi breve intensidad.
Con mi sosiego por la vida.
Y con mil cosas que todavía estoy aprendiendo a gestionar.
Porque eso también soy yo: una persona que conoce a otras mientras, en paralelo, libra sus propias batallas.
Y si en medio de todo eso decido ser real, aunque me tiemble un poco la voz, entonces ya gané.
Deja un comentario