Cuando supe que tenía pareja sentí que me habían reemplazado:


POR QUÉ EL DUELO NO SIEMPRE TERMINA CUANDO CREEMOS

Ayer me enteré de que mi ex tiene pareja.
No fue una noticia que buscara.
Me la crucé sin querer, como quien tropieza con una piedra en medio del camino.

Y lo primero que sentí fue alegría. De verdad.
Porque le tengo cariño. Porque fue importante en mi vida. Porque, aunque lo nuestro acabara, me sigue importando su bienestar.

Pero justo después…
Un vacío en el estómago. Un pellizco raro.
La sensación de haber sido reemplazada.

Y me sentí culpable por sentir eso.

Me dije que no tenía derecho, que no éramos nada, que yo también he seguido adelante. Me dije que sentir eso era inmaduro, que no era justo, que ya estaba todo superado.
Pero la emoción no se fue.
Se quedó sentada en el pecho, sin hacer ruido, solo mirándome.

Entonces me di cuenta:
Lo que sentía no era amor no resuelto. Era duelo.

Un duelo que creía terminado, pero que, como todos los duelos importantes, se mueve en espiral. A veces crees que ya está, que lo has cerrado, y de repente algo se activa. Una noticia. Una foto. Un gesto.

Y no, no es que quieras volver.
No es que lo sigas amando.
Es que hay algo profundamente humano en sentirse sustituida.

Porque no lloramos solo la relación.
Lloramos la idea de haber sido únicas.
La fantasía de haber dejado una huella irremplazable.
Lloramos a la versión de nosotras que existía en esa historia.

Y cuando vemos que alguien ocupa ese lugar, por más felices que estemos por la otra persona, algo se tambalea.

Porque ¿y si no fui tan especial?
¿Y si lo que tuvimos no fue tan significativo?
¿Y si todo lo que construimos cabe ahora en un recuerdo y ya?

El ego duele. El corazón recuerda. Y el cerebro —que a veces solo quiere protegernos— confunde amor con nostalgia, tristeza con pérdida, duelo con recaída.

Pero no.
No estás volviendo atrás.
Estás sanando un poco más profundo.

Hoy me he abrazado con ternura.
He mirado esa parte de mí que se sintió desplazada y le he dicho: «Tranquila. Tú fuiste importante. Lo que viviste fue real. Y mereces sentir esto sin culpa.»

Sanar no siempre es avanzar.
A veces es quedarse quieta, sentir, y no huir.

Y si hoy tú también has sentido algo parecido:
No estás sola.
No estás mal.
Solo estás sintiendo lo que muchas intentamos callar.

Y eso también es amor.
Amor hacia ti.


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