Entre avances visibles y carencias invisibles

En 2024 se denunció que “pasaron hambre”; en 2025 la comida ha mejorado, pero las promesas económicas siguen sin cumplirse. ¿Qué necesita aún el Ejército español para garantizar despliegues plenamente dignos?
Últimamente, hablo con muchos de vosotros. Soldados desplegados, veteranos en misiones, con los que he coincidido en distintos momentos. Y cuando vuelven a surgir conversaciones sobre Eslovaquia, no puedo evitar hacer comparaciones.
El año pasado, mayo de 2024, las redes y algunos medios se hicieron eco de lo que ya muchos sabíamos de primera mano: la misión en Eslovaquia fue un ejemplo más de promesas incumplidas. Soldados que denunciaban dietas no abonadas, alimentación deficiente y repetitiva —hasta el punto de recurrir a máquinas expendedoras— y una sensación general de abandono logístico.
El titular de El Español lo resumía de forma cruda pero cierta:
“Hemos pasado hambre”: la peripecia de los 700 soldados españoles en la misión de Eslovaquia.
Este año, la historia se repite… pero con matices. Hablando con conocidos desplegados allí en este 2025, me comentan que la alimentación ha mejorado. La variedad ha aumentado y, al menos, ya no se sienten igual de olvidados en ese aspecto. Sin embargo, al indagar un poco, vuelve a salir el mismo problema:
las dietas prometidas siguen sin cobrarse.
Y eso, por mucho que lo maquillemos, pesa.
Porque no se trata de querer lujos. Se trata de cumplir lo acordado. De reconocer que, más allá del uniforme, hay personas que trabajan, que asumen riesgos y que dejan a sus familias durante meses. Y ese compromiso, al menos, merece ser correspondido con una gestión impecable.
Esta situación no es nueva, ni única. Pero sí es reiterada. Y eso es lo preocupante. Si tras cada misión hay que hacer ajustes de última hora, compensaciones tardías o aclaraciones improvisadas… algo está fallando.
¿Cuántas rotaciones más harán falta para que los despliegues del Ejército español sean 100% eficientes?
No hablo de perfección. Hablo de previsión. De coherencia. De respeto.
Porque al final, cuidar a quienes cuidan de nosotros debería ser siempre la primera misión.
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