El ejército ESPAÑOL

Cómo adaptarse a una sociedad que ya no lo ve como opción.

Hace unas semanas, Rob, un amigo cercano que lleva años trabajando para el ejército, me habló de algo que (como siempre…) me dejó pensando. Como encargado de asistir a ferias y convenciones para reclutar jóvenes, me contó cómo, año tras año, los jóvenes se alejan más y más de la idea de unirse a las fuerzas armadas. «Ya no es lo que era», me dijo con una mezcla de preocupación y resignación. «Lo que antes era una oportunidad de vida, ahora se ve solo como »un trabajo más».

Me dio por pensar en todo lo que significa ser parte del ejército. Durante mucho tiempo, esta institución fue sinónimo de honor, de sacrificio, de darlo todo por el país. Pero algo está cambiando. Y lo que Rob me contó es solo una pequeña muestra de una tendencia más grande que no podemos ignorar. Si hay algo que está claro, es que el ejército español, por mucho que muchos lo nieguen, está perdiendo terreno frente a las nuevas generaciones.

Cuando hablo con jóvenes, que han crecido con el ejército como algo lejano, las respuestas son claras: «¿Para qué me voy a alistar si puedo hacer lo mismo en cualquier otro trabajo, con mejores condiciones y sin la disciplina estricta?» Y esta es la realidad. La falta de interés de los jóvenes por unirse a las fuerzas armadas no es una simple consecuencia de la crisis económica ni del desempleo. Es algo mucho más profundo: el ejército ya no representa ese propósito que, por años, fue su mayor atractivo. La sociedad cambia, y con ella las expectativas y las oportunidades que los jóvenes buscan.

Aunque la situación parece complicada, Rob también me compartió algo que me dio esperanza: el ejército está cambiando. Ante la caída de las bajas y la dificultad para reclutar, se están adaptando, creando nuevas oportunidades. Ahora no se trata solo de ser soldado; se trata de ser un experto en tecnología, en ciberseguridad, en inteligencia artificial. El ejército está apostando por roles más especializados, ofreciendo formación en áreas como drones, ciberdefensa, ingeniería avanzada y hasta en comunicaciones digitales.

Este giro a lo tecnológico tiene un sentido claro. Hoy en día, los jóvenes están mucho más interesados en carreras tecnológicas que en trabajos que les obliguen a vivir lejos de casa o en condiciones extremas. El ejército, al fin, está entendiendo que la sociedad ha cambiado y que necesita ofrecer algo más que un uniforme y una bandera. Lo que se ofrece ahora es un trabajo con propósito, pero también con un componente técnico que podría atraer a aquellos que buscan algo más en su carrera.

Para Rob, esto representa un paso adelante. La clave está en atraer a jóvenes con talento en áreas como la programación, el análisis de datos y la ingeniería. El ejército ya no se limita a la defensa tradicional; ahora, también está creando nuevas formas de protección y avance para el futuro, tanto en el ámbito nacional como internacional. Si el ejército logra posicionarse como una opción atractiva para los jóvenes interesados en tecnología, podría ser la respuesta para la crisis de reclutamiento que vivimos hoy.

Pero, al final, la pregunta sigue siendo la misma: ¿será suficiente? Por mucho que el ejército se esté adaptando, no se trata solo de ofrecer nuevos puestos o cambiar el enfoque. Se trata de algo mucho más profundo. En una sociedad donde las nuevas generaciones buscan flexibilidad, estabilidad emocional y una conexión más personal con el trabajo, ¿será el ejército capaz de reinventarse para mantener su relevancia?

No cabe duda de que los jóvenes buscan algo más que un sueldo fijo. Buscan propósito. Buscan un trabajo que no solo les dé seguridad económica, sino que también les permita desarrollarse como individuos, en un entorno que valore sus habilidades y les ofrezca oportunidades para crecer. Aquí es donde el ejército tiene que demostrar que no solo ofrece la opción de vestir un uniforme, sino la posibilidad de aportar a algo más grande: la seguridad de la nación, el avance tecnológico y la defensa de los valores que nos unen.

Por eso, aunque Rob y muchos otros dentro del ejército están haciendo su parte, la gran pregunta es: ¿está el ejército preparado para adaptarse completamente? ¿Logrará conectar con los jóvenes que buscan algo más que un simple trabajo? Lo que está claro es que el ejército español no se va a rendir fácilmente. A medida que el panorama cambia, se va a seguir adaptando para que las nuevas generaciones puedan ver en él una oportunidad real. Y eso, sin duda, es un paso en la dirección correcta.


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