
Si no me equivoco, últimamente los suscriptores estáis recibiendo una dosis extra de artículos. Pero para los que no lo sois, aquí va ese artículo extra también para vosotros. Hoy quiero hablaros del Burnout.
Pero no del clásico, sino de ese que producen las redes sociales.
Cuando decidí dedicarme a la gestión de redes, no lo hice por casualidad. Me gustaba, tenía conocimientos, y además podía seguir aprendiendo. Pero, sobre todo, lo vi como un trabajo que podía adaptar a mi discapacidad. Y eso, cuando era más joven, me parecía clave.
Poder trabajar desde casa, sin barreras físicas, con mis tiempos. Era una forma de tener autonomía, de sentirme útil, de construir algo a mi medida.
Empecé a gestionar comunidades en 2017 y en 2021 nació A Maruxiña, contenido con sentidiño. Durante un tiempo, me sentí en mi sitio. Pero llegó un punto en el que algo empezó a cambiar. No fue un solo motivo. Fueron muchos, pequeños, acumulándose. Jornadas eternas delante del ordenador, correos que no sabías cómo responder, proyectos que se torcían por mil motivos, peticiones confusas que me hacían sentir que nunca era suficiente. Y mientras todo eso pasaba, yo seguía publicando, sonriendo, cuidando cada detalle.
Hasta que un día me di cuenta de que, aunque estaba haciendo lo que sabía hacer, ya no me sentía bien haciéndolo.
Siempre me ha importado que lo que hago sea real. Por eso, cuando sentí que con A Maruxiña ya no podía seguir siendo yo, decidí parar. Aposté por Comunicadora de pueblo, por ser streamer, por probar algo diferente que me devolviese la ilusión. Sé que es una decisión arriesgada, que puede salir bien o no. Pero es mía. Y, sobre todo, me hace feliz. Y eso, ahora mismo, pesa más que cualquier métrica.
No sé si esto será para siempre. No sé si dentro de un tiempo volveré a cambiar de rumbo, o si echaré de menos aquella etapa. Pero hoy, al menos hoy, me siento en paz. Me vuelvo a reconocer en lo que hago. Me emociono al abrir un guion, al imaginar un directo, al leer un mensaje bonito de alguien que conecta de verdad.
Y eso, se siente como volver a casa.
Deja un comentario