Cuando pedir claridad se convierte en una ofensa

Crónica de una validación vacía y un reel estoico


Este miércoles solo pedí claridad. Ni amor eterno, ni drama, ni exigencias. Solo claridad. De esas que una necesita cuando está intentando entender si lo que hay es una amistad con pausas publicitarias, una conexión a ratos o simplemente un ghosting educado.

Como respuesta, recibí un audio. Uno que a primera escucha parecía empático, pero que al repasarlo con pausa revelaba algo más: evasión envuelta en celofán emocional.

El mensaje arrancaba justificando la falta de tiempo, como si el hecho de estar ocupado fuera un comodín emocional para no hacerse cargo de nada. Después vino una aparente validación de mis sentimientos. Esa fórmula moderna de decir “tienes derecho a sentirte así” sin comprometerse en absoluto con lo que uno ha provocado.

No hubo reconocimiento real de la inconsistencia ni de la ambigüedad. En su lugar, se presentó todo como algo “normal”, como si la falta de fluidez fuera una condición climática, no una elección propia. Incluso se deslizó una frase disfrazada de humildad que, lejos de abrir el diálogo, lo cerraba en seco: como si el no entender fuera solo “su problema”, cuando lo que pedí no fue comprensión psicológica sino una respuesta clara.

Y por si eso fuera poco, se insinuó que si yo decidía volver a pedir claridad, estaría “exigiendo” y, por tanto, no respetando su espacio. O sea, la culpa, sutilmente, volvía a mí. Por sentir. Por expresar. Por preguntar.

Después de todo esto, yo —por reflejo o por esa vieja costumbre femenina de pedir perdón por existir— terminé pidiendo disculpas. Y cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de lo injusto que fue. No hice nada malo. Solo pedí lo que cualquier vínculo humano sano debería sostener: coherencia.

Pero el colmo ha llegado hoy. Un Reel. Un precioso Reel sobre teoría estoica y el arte de soltar. Y ahí, lo confieso, me explotó una risa nerviosa y una frase interna: ¿Pero qué cojones, tío?

Así que, sinceramente, si la única manera de comunicarte es validarme para desresponsabilizarte, o enviarme indirectas filosóficas en formato audiovisual, mejor no me contestes más. Me la suda.


Solo pedía claridad. Te tenía aprecio porque estuviste desde el principio, y eso cuenta. Pero si ya no quieres que lo tenga, dilo sin rodeos. Porque lo que cansa no es que alguien se aleje, es que se quede dando vueltas sin decir nada claro.


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