Una relación bonita, pero no para siempre. (Parte III de VII)

A veces, lo que parece encajar no termina de sostenerse.
Y cuesta aceptarlo, sobre todo cuando hay cariño, respeto y muchas cosas en común.
Nuestra historia empezó como esas que dan calma. Nos entendíamos, nos reíamos con las mismas cosas, hablábamos de todo. Compartíamos tantas aficiones que parecía imposible que algo fuera mal.
No éramos amigos que se enamoraron, pero sí nos descubrimos de una forma muy natural. Y durante un tiempo, funcionó bien.
Yo sentía que él me ayudaba a crecer. A dejar atrás cierta inocencia que, en ese momento, me parecía un lastre.
Y yo también le aportaba algo que necesitaba: cercanía, calidez, apertura.
Nos mejoramos. Nos empujamos.
Pero, con el tiempo, también empezamos a desacompasarnos.
Había detalles que yo no quería ver.
Como su incomodidad con mi forma de hablar con la gente por la calle, o cómo corregía ciertas cosas de mi personalidad que, aunque podían ser mejorables, también eran muy mías.
Y aunque yo estaba en un proceso personal, había una línea entre cambiar por evolución y cambiar por encajar.
Y a veces la cruzaba sin darme cuenta.
Durante su misión, nos mantuvimos muy conectados. Hablábamos siempre que podíamos, nos escribíamos con ilusión, nos cuidábamos a distancia.
Pero incluso ahí, sus correcciones seguían presentes.
Sutiles, pero constantes.
Cuando volvió de la misión, después de unas vacaciones, tomó una decisión.
La que yo no me había atrevido a tomar.
Terminó la relación.
Y sí, me dolió.
Pero, con el tiempo, entendí que me había hecho un favor.
Porque yo aún tenía la esperanza de que, si le demostraba lo suficiente, si pulía las aristas, si suavizaba mi carácter, lograría que me aceptara del todo.
Pero esa no es la forma en la que quiero que me quieran.
Nuestra relación fue buena. Casi perfecta.
Pero “casi” no es suficiente cuando se trata de ser una misma.
Hoy lo miro con cariño.
Sé que los dos hicimos lo que supimos con lo que teníamos.
Y que dejarnos ir fue también una forma de amor, aunque tardara en entenderlo.
Porque si tienes que encogerte para quedarte en una relación, entonces ese no es tu lugar.
Deja un comentario