You: cuando la obsesión se disfraza de amor

Una reflexión psicológica (y personal) sobre la serie y lo que nos deja ver de nosotros mismos

Cuando miras y no puedes dejar de mirar

Hay una escena que se me quedó grabada. Joe está observando, en silencio, desde una esquina. No dice nada, pero tú —como espectadora— sabes que está imaginando cómo sería su vida con esa persona. Y no, no la conoce. No ha hablado con ella más de un par de veces. Pero en su cabeza ya ha construido una historia completa. Con capítulos. Con un final feliz.

Eso es lo más inquietante de You: que, aunque él cruce todos los límites posibles, lo que vemos en pantalla es una exageración de algo que no nos es tan ajeno. ¿Quién no ha proyectado alguna vez? ¿Quién no se ha obsesionado con alguien que apenas conocía? La diferencia es que Joe no sabe parar. No puede. Y lo más honesto que podemos hacer al ver esta serie no es señalarlo con el dedo, sino mirarnos un poco hacia dentro y preguntarnos: ¿cuántas veces hemos confundido amor con obsesión? ¿Y cuántas veces hemos necesitado ayuda, pero nos ha dado miedo pedirla?

La obsesión que se disfraza de romanticismo

Joe dice que ama. Y se lo cree. Cree que su mirada constante, su necesidad de saberlo todo, su impulso de “protegerla” son gestos de cariño. Pero en realidad, lo que hace no es amar: es controlar. Es vigilar. Es poseer.

Y lo inquietante es que muchas veces ese mismo discurso —el de “lo hago por amor”— se cuela en relaciones reales, con palabras bonitas que disfrazan actitudes invasivas.
“Solo quería saber si estabas bien.”
“Me preocupo por ti.”
“Me pongo celoso porque te quiero tanto.”
¿Te suenan?

Nos han enseñado a romantizar el control, a confundir el amor con la necesidad, la pasión con la obsesión. Y mientras Joe lo lleva al extremo, hay muchas relaciones cotidianas que también se construyen desde ese desequilibrio. Donde una parte da todo, se anula, se funde con el otro, creyendo que eso es amar de verdad.
Pero el amor no debería doler. Y mucho menos dar miedo.

Reconocer el patrón (y pedir ayuda a tiempo)

Lo más difícil no es darse cuenta de que hay un problema. Lo más difícil es admitirlo en voz alta. Reconocer que lo que sentimos no es amor sano. Que no estamos bien. Que esa ansiedad constante por saber del otro, ese impulso de controlarlo todo, ese miedo a perderlo… no es amor, es herida.

Joe nunca lo hace. Justifica sus actos una y otra vez. Se convence de que es el bueno de la historia.
Pero nosotros, fuera de la ficción, sí podemos romper ese ciclo.
No tenemos que esperar a hacer daño o a perder el control para buscar ayuda.

La terapia no es solo para cuando todo se rompe, también es para entendernos mejor, para revisar lo que aprendimos del amor, para sanar antes de repetir patrones que nos lastiman —y que pueden lastimar a otros.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad. Es un acto de valentía.

Cuando el acosador parece encantador (y las redes lo hacen más fácil)

Lo que más escalofríos da de You no es que Joe espíe. Es que puede hacerlo tan fácilmente. Un perfil público, una ubicación activada, unas stories donde se nos escapa más de lo que creemos. Y él solo observa, analiza y actúa.
La serie es una bofetada de realidad: vivimos tan volcados hacia fuera, tan expuestos, que a veces olvidamos proteger lo más básico.

Y lo más retorcido es que, a pesar de todo lo que hace, hay quien ve a Joe y piensa: “qué intenso, pero qué romántico”. Porque está bien vestido. Porque es guapo. Porque su voz suena segura.

Y ahí es donde nos toca parar y pensar: ¿por qué seguimos romantizando comportamientos abusivos cuando vienen envueltos en un cuerpo atractivo y una historia bien contada?

Joe no ama. Joe controla, persigue, invade.
Pero aún así, hay quien sueña con un Joe que las mire así.
Y eso no dice tanto de la ficción… como de la cultura que la sostiene.

cerrar los ojos no es la solución

You no es solo una serie de suspense. Es un espejo oscuro. Uno de esos que no nos gusta mirar mucho rato porque nos incomoda.
Pero a veces, incomodarse es necesario.

Porque todos, en algún momento, hemos querido gustar tanto que nos hemos olvidado de poner límites.
Todos hemos confundido intensidad con amor.
Todos hemos mostrado más de la cuenta.

Y eso no nos hace villanos, pero sí nos pide algo: responsabilidad. Con nosotros y con los demás.

Joe no cambia. Pero tú sí puedes.
Puedes aprender a amar sin perderte.
Puedes reconocer a tiempo cuando algo ya no es amor.
Y puedes pedir ayuda sin sentir vergüenza.

Porque el amor —el de verdad— no necesita espiarte.
Se construye desde la libertad, el respeto y la presencia real.
Lo demás… es otra cosa. Y no tiene nada de romántico.


Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo