Más de lo que muchos quieren admitir

No es lo único, pero sí es clave. El sexo sostiene, nutre, conecta. Y cuando falta, no siempre se nota al principio… pero termina rompiendo cosas que parecían sólidas. No hablamos de capricho, hablamos de necesidad emocional y física.
Vivimos en una sociedad donde se romantiza la fidelidad, pero se ignora el abandono sexual. Como si fuera razonable exigir lealtad, incluso cuando se ha dejado de mirar al otro con deseo. Como si fuera lógico pretender que el amor bastara, mientras una de las partes lleva meses —o años— sin sentirse tocada, deseada, viva.
Y no, no estamos justificando los cuernos. Pero tampoco vamos a justificar relaciones donde se castiga con el silencio, con la abstinencia, con la indiferencia sexual.
Porque hay que decirlo: muchas personas acaban siendo infieles porque sienten que ya no existen en su propia cama. Porque cada noche se acuestan con alguien que hace tiempo dejó de hacerles sentir deseados. Porque tienen libido, tienen ganas, tienen vida… pero en su relación ya no hay espacio para eso.
¿Quién habla del abandono sexual dentro de una pareja?
Pocas personas. Porque da vergüenza. Porque no se quiere “herir” al otro. Porque se teme que hablar de sexo suene superficial. Pero no hay nada más profundo que el deseo sostenido con ternura. Y no hay nada más destructivo que una cama fría y una vida que sigue palpitando por dentro.
La mayoría de las parejas que se rompen por infidelidades no se rompieron ese día. Se rompieron cuando dejaron de tocarse, de mirarse con hambre, de tener sexo por placer y no por cumplir. Se rompieron cuando el sexo pasó a ser un tema tabú, una moneda de cambio, o directamente, un recuerdo lejano.
¿Y si habláramos más claro?
El buen sexo no es solo físico. Es una forma de decir “aún te elijo”, “aún te miro con hambre”, “todavía me importas”. Y cuando eso se pierde, la relación empieza a caminar sobre hielo fino.
No se trata de tener sexo todos los días, ni de cumplir una cuota. Se trata de presencia, de voluntad, de saber que el deseo también se cultiva. Y que cuando uno de los dos lo da por muerto, puede que el otro empiece a buscarlo en otra parte.
¿Queremos relaciones reales o cuentos de hadas?
Porque en los cuentos no hay sexo. Pero en la vida sí. Y quien lo ignora, lo paga. Tarde o temprano.
Deja un comentario