una reflexión sobre el Asperger y el TEA

Ayer me preguntasteis en las preguntas de Instagram qué opinaba sobre las personas con Asperger o con diagnóstico dentro del espectro autista. Y la verdad, no me parece un tema que se pueda contestar en una cajita. No porque sea difícil, sino porque merece espacio. Merece cuidado.
Porque no estamos hablando de un colectivo “aparte”, sino de personas que ven el mundo de formas que muchas veces ni imaginamos. Y precisamente por eso, tan necesarias.
El síndrome de Asperger, que durante muchos años fue considerado un diagnóstico independiente, hoy se integra dentro de lo que se llama Trastorno del Espectro Autista (TEA). Y aquí es importante decir que el espectro es amplio. Muy amplio. No hay un único “tipo” de persona autista, ni un solo modo de vivirlo. Hay quienes tienen grandes habilidades verbales y cognitivas, otros que necesitan más apoyos en el día a día, y cada experiencia es profundamente única.
Pero si algo tienen en común muchas personas dentro del espectro es su forma distinta de percibir el entorno. Una sensibilidad especial hacia los estímulos, una manera más literal y lógica de interpretar el lenguaje, una capacidad para enfocarse en detalles que al resto nos pasarían por alto.
Y esa diferencia, que durante mucho tiempo se vio como un “problema”, es también una potencia. Porque en un mundo donde parece que todo tiene que ser rápido, uniforme y superficial, hay personas que se toman su tiempo, que ven más allá, que se detienen. Y eso no es un fallo. Es otra forma de ser.
Muchas veces, el desafío no está en el diagnóstico, sino en la falta de comprensión social. Porque vivimos en una sociedad que valora la habilidad para “encajar”, para leer entre líneas, para disimular lo que sentimos. Y claro, cuando alguien funciona de otra manera, se le tilda de raro, de frío, de difícil… cuando en realidad, lo único que hay es otra lógica, otro lenguaje emocional, otro mapa interno.
Hablar de autismo es también hablar de cómo queremos construir la convivencia. Si vamos a seguir exigiendo que todos se adapten a un molde que no fue diseñado para todos, o si vamos a empezar a preguntarnos qué podemos aprender de quienes no encajan en ese molde. Porque quizá el problema no sea su forma de ver el mundo, sino nuestra rigidez para entenderlo.
Así que si me preguntáis qué pienso de “este tipo de personas”, os diré que pienso que ojalá haya más. Más personas que no se dejen arrastrar por lo que se espera, que sientan de forma intensa, que observen sin prisa, que tengan intereses que no necesitan ser “cool” para ser valiosos.
Personas que vean el mundo desde otra ventana. Porque falta nos hace.
Deja un comentario