el algoritmo que te engancha con dosis medidas de amor

No sé tú, pero yo he tenido esa sensación más de una vez. Justo cuando estoy a punto de borrar Tinder, cuando me digo «ya está, esto no es para mí», de repente… ¡pum! Match con alguien que parece diferente. Intercambiamos un par de mensajes y, durante unas horas, todo vuelve a tener sentido. Es casi como si la aplicación supiera que estoy a punto de rendirme y me lanzara una pequeña dosis de serotonina para mantenerme dentro. Y lo peor es que funciona.
Porque sí, el algoritmo de Tinder no está diseñado para que encuentres el amor. Está diseñado para que te quedes. Para que sigas deslizando, sigas volviendo, sigas dependiendo de ese chute de validación rápida. El amor, en esta lógica, no es un destino: es un cebo.
Y ahí estamos nosotras, nosotros, ilusionándonos por un match que probablemente no va a ninguna parte, pero que en ese momento nos salva del aburrimiento, la inseguridad o la soledad. El algoritmo es inteligente. Sabe cuándo darte un empujoncito, cuándo hacerte creer que «esta vez sí», para que no cierres la puerta. Y si alguna vez te preguntaste por qué todo iba tan bien con alguien y de repente desapareció, la respuesta podría no estar en ti ni en la otra persona, sino en la aplicación misma. En ese sistema que dosifica el éxito y el fracaso como quien reparte migajas de pan a palomas hambrientas.
Lo que más me inquieta es que, a base de este vaivén emocional, terminamos por normalizar relaciones superficiales, ghosteos y vínculos frágiles. Entramos en la rueda sin pensar en lo que estamos sintiendo realmente. Porque cada vez que abrimos Tinder, no lo hacemos buscando a alguien… lo hacemos buscando sentir algo.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Quizás empezar por ver Tinder como lo que realmente es: un casino emocional. Donde las fichas no son dinero, sino afecto. Donde ganar no depende solo de ti, sino de un sistema que premia tu presencia constante y castiga tu ausencia con el silencio. Un lugar que dice ofrecer amor, pero lo que da, muchas veces, es solo adicción.
Deja un comentario