
Sábado por la tarde. He salido a caminar, me he duchado, me he puesto un crop top y una chaqueta de esas que me hacen sentir un poco más yo. Me preparé unas palomitas y, con toda la intención del mundo, abrí el portátil para ver un capítulo de Sexo en Nueva York. Pero entonces vi el título: Easy come, easy go. Y algo dentro de mí dijo: “Un segundo. Necesito escribir”.
Hoy en día todos queremos relaciones. Queremos sentirnos vistos, amados, cuidados. Queremos match, conexión, alguien con quien compartir lo bueno y lo malo. Pero ¿cuántos estamos realmente dispuestos a trabajar en una relación? ¿A quedarnos cuando las cosas se ponen difíciles? ¿A no salir corriendo ante la primera incomodidad?
Vivimos en una era donde todo parece estar al alcance de un clic. Donde si algo no funciona, lo descartamos. Donde si alguien no nos entiende a la primera, lo bloqueamos. Donde confundimos química con compatibilidad, y amor con dopamina. Queremos compañía, pero no sabemos sostenerla. No queremos estar solos, pero tampoco sabemos apreciar lo que tenemos cuando lo tenemos.
Y claro… lo que fácil llega, fácil se va.
Esta frase me ha perseguido toda la vida y hoy, con un bol de palomitas y Carrie Bradshaw de fondo, vuelve a hacerme pensar: ¿qué tanto valoramos aquello por lo que no hemos tenido que esforzarnos?
Quizás por eso muchas historias se esfuman antes de comenzar. Porque estamos más enfocados en sentir algo rápido que en construir algo real. Porque nos falta paciencia, compromiso, y sobre todo, coraje para quedarnos cuando el otro nos muestra su parte menos brillante.
Así que hoy, desde mi casa, en sábado, con el corazón tranquilo y las ideas algo revueltas, te invito a reflexionar conmigo:
¿Qué relaciones en tu vida merecen que luches por ellas?
¿Qué estás dispuesto a cuidar, incluso cuando no sea fácil?
Porque el amor, cuando se queda, cuando se cuida, cuando se construye… no es algo que simplemente viene y va. Es algo que se queda. Y que vale la pena.
Deja un comentario