Los mismos ojos, una mirada distinta

Hay cosas que solo se ven con el tiempo. No porque no estuvieran ahí antes, sino porque en aquel momento, simplemente, no sabíamos mirar.

Durante mucho tiempo, justifiqué ciertas actitudes, les di nombres distintos para que no parecieran lo que realmente eran. Pensé que la intensidad era amor, que los celos eran cuidado, que la necesidad de control era solo una manera de proteger lo nuestro. No lo veía. No podía verlo.

El amor nos hace ciegos, o al menos, nos hace miopes. Nos acercamos tanto que perdemos la perspectiva, que confundimos lo que es con lo que queremos que sea. Y en esa confusión, nos perdemos a nosotras mismas.

Pero el tiempo, implacable y sabio, nos obliga a tomar distancia. Y entonces, cuando por fin nos alejamos lo suficiente, las cosas comienzan a tener otro color. Lo que antes parecía normal, ahora se ve distinto. Lo que defendíamos con uñas y dientes, ahora nos cuesta comprender cómo pudimos permitirlo. La mirada cambia, porque hemos cambiado nosotras.

Nueve meses después, me miro al espejo y me pregunto: ¿por qué no lo vi antes? ¿Por qué, con los mismos ojos, hoy veo algo tan diferente? Y la respuesta es sencilla y devastadora: porque no quería verlo. Porque no estaba lista para aceptar que lo que yo llamaba amor, en muchos momentos, también era miedo, era sacrificio, era una versión de mí que hoy no reconocería.

No se trata de culpar a nadie, ni de buscar excusas. Se trata de entendernos mejor, de aceptar que crecimos, que aprendimos, y que ahora, con esta nueva mirada, podemos elegir diferente. Porque esa es la verdadera lección: no se trata de los ojos con los que miramos, sino de la valentía de ver la verdad cuando, por fin, estamos listas para hacerlo.


Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde @Andreakierke_

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo